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En casa de Mari y Pepe.

La Mari y Pepe A escasos kilómetros de mi ciudad todavía existen lugares donde el tiempo parece haberse quedado quieto. Lugares que no salen en campañas de turismo ni en vídeos rápidos de redes sociales. Sitios donde las puertas aún se abren antes de llamar y donde la conversación sigue teniendo más valor que la prisa.Allí, en uno de esos pequeños pueblos que forman parte de esa España vaciada de la que tanto se habla y tan poco se comprende de verdad, viven Mari y Pepe. Todos los años, cuando hacemos el camino hacia Covadonga, hay una parada que nunca negociamos: su casa. Porque más que una parada, es un regreso. Un pequeño ritual que ya forma parte inseparable de la ruta. Ellos están ahí. Siempre.Esperándonos.Y eso, en los tiempos que corren, tiene muchísimo valor. Mari te abre la puerta con esa naturalidad de quien entiende la hospitalidad no como un gesto extraordinario, sino como una forma de vivir. Su casa huele a pueblo de verdad. A comida hecha sin relojes. A huerta cuidada con...
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Microaventura por el extremo más septentrional de Asturias

Hay rutas que uno no hace solo con las piernas. Hay rutas que también se recorren con la memoria. Y esta fue exactamente una de esas. Una jornada que empezó mucho antes de dar la primera pedalada. Porque el simple hecho de coger el tren ya te coloca en otra dimensión. Más todavía si lo haces con un buen compañero de viaje, de esos que saben cuándo hablar y cuándo dejar que uno se quede mirando por la ventana mientras desfilan media vida y unos cuantos veranos. Y por si el día necesitase algún detalle más para arrancar bien, apareció en el vagón una peregrina italiana con la que terminamos compartiendo conversación, risas y ese pequeño momento de comunicación improvisada que, sin saber muy bien por qué, te alegra la jornada desde primera hora. Veintisiete años. Que se dice pronto. Veintisiete años desde que aquellos caminos empezaron a formar parte de mi manera de entender la bicicleta, la amistad y también la libertad. Porque volver allí no es simplemente regresar a un lugar. Es volver...

Weekwed en Cantabria. Territorio Cabañas & Estacas

Pedales con Memoria: cuando la montaña te devuelve lo que eres Hay rutas que se vuelven especiales. No por los kilómetros ni por el desnivel, sino por lo que te remueven por dentro. Esta nació de algo muy simple: las ganas de volver. Volver a aquella salida a la que Israel creador de Cabañas y Estacas  ( ruta de bikepacking por Cantabria) nos invitó en 2024 y que, sin exagerar, nos dejó huella. De esas que no se borran ni aunque pase el tiempo, ni aunque las piernas ya no respondan como antes. Hace un par de meses lancé el anzuelo a unos cuantos amigos. De los de siempre. De los que ya no necesitan presentación. Gente con muchas batallas en las piernas… y aún más historias en la cabeza. Al final nos juntamos diez bocilovers, cada uno de su padre y de su madre, pero con algo muy claro en común: pasión por la montaña y por exprimir la vida desde el sillín todo lo posible… y un poco más, si se tercia.   El parque móvil era para echarle un rato: dobles de BTT de última generación...

Una parada ocasional me ha resuelto más de lo que esperaba

  Una parada ocasional me ha resuelto más de lo que esperaba Hay momentos en los que el cuerpo te obliga a parar. No avisa, no negocia; simplemente te frena. En mi caso fueron 52 días sin coger la bicicleta. Un golpe, una costilla rota y tres fisuras me obligaron a bajar el ritmo de golpe y a aceptar algo que a muchos nos cuesta más de lo que queremos reconocer: parar. No han sido días fáciles. Cuando estás acostumbrado a salir, a rodar, a sentir esa libertad que te da la bici, el parón pesa. Se hace largo. Incluso desespera a ratos. Pero con el paso de los días empiezas a darte cuenta de algo curioso: el tiempo sigue estando lleno de cosas buenas, aunque cambies la manera de vivirlo. He paseado más, y lo he hecho sin prisa. He hecho planes sencillos, de esos que normalmente dejas para “otro día”. He estado más presente en lo cotidiano, en detalles que antes pasaban desapercibidos. Son cosas pequeñas, sí, pero también llenan. Y en ese ritmo más lento descubres otra forma de disfrut...